ENVIDIO A LA OLIGARQUIA

Por Lalo Alberto Ceron Diaz

 

Es verdad, reconozco que soy pesado, aburridor, monotemático, tedioso, odioso y lo que quieran; también reconozco que le piso los callos a gente con quien he compartido algunas tareas políticas, me declaro culpable de tirar piedras en mi propio tejado y de no lavar los trapos sucios en casa, lo sé, pero todo lo anterior me importa un bledo; no puedo ni debo callar ante tal desangre.

En Colombia todos los días, al menos una persona es asesinada por defender el agua, la tierra, el aire, la vida o simplemente por opinar diferente a las élites del poder o condenar la corrupción y sus actos criminales ejercidos desde siempre. Las víctimas son hombres y mujeres; las que no me atrevo a decir que sean como Usted o como yo, por que no se si tengamos tanta solvencia ética y moral, valentía o amor al prójimo el que sí han tenido estas personas; para sacrificarnos defendiendo literalmente el patrimonio de toda la humanidad. Son personas que no pertenecían a ningún grupo armado, no estaban “tabuladas” en los anales de las grandes ONGs internacionales, no eran “dirigentes” de ningún partido o movimiento; apenas si eran conocidas en su entorno más cercano, en la Junta de Acción Comunal, el barrio, su caserío, el comité de defensa de tal o cual derecho, la comisión de denuncia de tal o cual crimen, mejor dicho, como dice odiosamente la clásica y oficial izquierda, eran de la “base”. Les asesinan arteramente, sin estar en ninguna barricada, ni siquiera en una manifestación de protesta, no tenían ni un cortaúñas para defenderse, era gente pacifica, les masacran delante de sus familias, les torturan y vejan o simplemente los desaparecen.

Envidio sinceramente algunas acciones de la oligarquía internacional, de la derecha en general, lo confieso sin complejos a riesgo de ser llevado a la hoguera. Me da envida su solidaridad para con sus iguales, la manera como se arropan entre ellos, las acciones concretas que realizan cada vez que les tocan uno de sus bastiones; solo por dar un ejemplo, el pasado 7 de agosto, en la posesión de Iván Duque nuevo presidente del viejo oligárquico régimen colombiano, la derecha en pleno acudió a dar su apoyo incondicional. Felipe González y Pablo Casado insignes referentes de la derecha española, encabezaron la comitiva europea para dejar claro al mundo, su apoyo sin fisuras al criminal régimen colombiano.

Nadie más solidario, colaborativo y empático con sus iguales que la oligarquía en general. Eso de que son competitivos es mentira, entre ellos se arropan y defienden a costa de lo que sea; no pasa lo mismo con la “izquierda” (oficial) que regularmente predica pero casi nunca practica; lo de Colombia es uno de tantos ejemplos, hasta ahora no he escuchado ningún pronunciamiento institucional de condena por la constante masacre que vive ese pueblo, ningún partido o movimiento de izquierda internacional, español para ser más exacto, se ha pronunciado al respecto, solo unos cuantos comentarios aislados, a título personal, lánguidos, tímidos o temerosos de uno que otro dirigente, de esos que cuidan mucho el lenguaje pero descuidan sus actos; apenas si se deja oír en las redes sociales o reuniones donde se enteran de la presencia de alguien nativo de Colombia y mucho menos he sabido de alguna acción concreta; como si lo hace la derecha cuando lleva ante  el parlamento las resoluciones de condena por lo que pasa en países donde sus intereses son tocados.

Todos los hechos de los humanos se pueden explicar, pero no todos se deben o pueden justificar; puedo entender que lo de Colombia no tiene el marketing político que tienen otros conflictos y por ello no suena ni truena en el ámbito de la solidaridad internacional gestionado por  la izquierda oficial, posiblemente no da votos en el perverso mercado electorero local y nacional, tal vez son masacres que pillan demasiado lejos o en vacaciones de verano a los internacionalistas, de pronto son complejos motivos ideológicos o políticos, en fin, sea lo que sea, el uso magistral de la dialéctica siempre podrá explicarlo pero nunca justificar el silencio, la indiferencia o pasividad ante la masacre permanente que padecen la gente que lucha en Colombia por un mundo mejor para todas.

 

Ojala y algún  día aprendamos de la derecha a ser mas solidarios con nuestros iguales, a entender que el enemigo no es el vecino de la otra ONG, partido, partidito, movimiento o movimientico, que la mezquindad solo sirve para fortalecer al enemigo, o que el tener otro acento, cultura, espiritualidad, color de piel, lugar de nacimiento no le hace raro, mono de circo, inferior, peor o mejor, que dejemos de ser entre nuestra clase, competencia de y aprendamos a ser complemento de y que esto es

LUCHA DE CLASES PURA Y DURA

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